El gesto silencioso que está destruyendo nuestras relaciones ( y casi nadie habla de él )
- Jerónimo Martínez Lucas

- 5 feb
- 3 Min. de lectura
¿Te ha pasado alguna vez?
Estás hablando, contando algo importante, abriéndote… y la otra persona baja la mirada. No hacia tus manos. No hacia el suelo. Hacia su móvil.
Y en ese gesto tan pequeño, algo se rompe.
No es solo una sensación incómoda. No es “una tontería”.
Tiene nombre, y duele más de lo que creemos: phubbing.
¿Qué es el phubbing y por qué nos afecta tanto?
La palabra phubbing nace de unir phone (teléfono) y snubbing (despreciar). Y describe algo que todos hemos vivido: ignorar a quien está físicamente presente para prestar atención al móvil.
Puede parecer un hábito inofensivo, casi automático.
Pero el mensaje que transmite es muy claro, aunque no lo digamos en voz alta:
“Lo que pasa en esta pantalla es más importante que tú.”
Y eso, poco a poco, erosiona nuestras relaciones, enfría conversaciones y genera distancia emocional.
El daño invisible del phubbing
El phubbing no solo corta la conversación.
Corta la conexión.
Cuando alguien nos mira el móvil mientras hablamos:
Nos sentimos menos importantes
Nos cuesta seguir expresándonos
Aparece la sensación de no ser escuchados
Se debilita la confianza y la intimidad
Y lo más duro es que muchas veces no lo hacemos con mala intención. Simplemente lo hemos normalizado.
Volver a estar presentes: un acto de respeto (y de amor)
En nuestro último vídeo, nuestra directora, @soniaelhakim, habla de algo fundamental: la presencia.
Estar presente no es solo estar físicamente.
Es mirar, escuchar, sostener la atención.
Es decir sin palabras: “Estoy aquí contigo.”
Algunos gestos sencillos pueden marcar una diferencia enorme:
Dejar el móvil boca abajo
Silenciar notificaciones durante una conversación
Mirar a los ojos mientras alguien habla
Escuchar sin preparar la respuesta
Pequeñas acciones. Grandes cambios.
Porque una buena comunicación no va de hablar más, sino de escuchar mejor.
Cuando evitamos el phubbing:
Las conversaciones se vuelven más profundas
Las relaciones se sienten más auténticas
Las personas se sienten vistas, valoradas y respetadas
Y eso… se nota. Se siente. Se recuerda.
No suele pasar de golpe.
No hay una discusión. No hay un “tenemos que hablar”.
Solo hay un gesto repetido:
una mirada que se va al móvil mientras alguien intenta quedarse contigo.
Y sin darnos cuenta, el vínculo empieza a resentirse.
Qué le ocurre al vínculo cuando aparece el phubbing
El phubbing no es solo una distracción.
Es una ruptura microscópica del contacto emocional.
Cuando miramos el móvil mientras alguien nos habla, en el vínculo ocurre algo muy concreto:
Se debilita la sensación de importancia
La otra persona deja de sentirse prioritaria. Aparece la idea silenciosa de “no soy tan relevante”.
Se corta la seguridad emocional
Si no me miras, si no estás presente, no sé si puedo apoyarme en ti. El vínculo se vuelve inestable.
Disminuye la intimidad
Las conversaciones se vuelven superficiales. Ya no hay espacio para lo profundo, para lo vulnerable.
Aparece el resentimiento
No siempre se dice, pero se acumula. Y lo que no se dice, termina alejando.
Se normaliza la desconexión
El vínculo se mantiene “funcional”, pero ya no vivo. Se comparte espacio, no presencia.
El problema no es el móvil.
El problema es lo que el móvil ocupa cuando ocupa el lugar del otro.
Por qué duele tanto (aunque no sepamos explicarlo)
Porque el ser humano necesita sentirse mirado, escuchado y reconocido.
Una mirada sostenida regula emociones.
Una atención plena genera calma.
Una escucha real construye confianza.
Cuando eso falta, el cuerpo lo nota antes que la mente:
tensión
cansancio emocional
sensación de soledad incluso estando acompañado
Por eso el phubbing duele.
Porque toca directamente el núcleo del vínculo.
Cómo cuidar el vínculo (sin demonizar la tecnología)
No se trata de tirar el móvil ni de vivir desconectados del mundo.
Se trata de elegir conscientemente cuándo estar conectados… y con quién.
Algunas claves sencillas que transforman la relación:
Decidir momentos sin móvil
Una comida, una conversación, un paseo. No por obligación, sino por cuidado.
Mostrar presencia con el cuerpo
Mirar, asentir, responder desde lo que el otro dice. Eso ya es vínculo.
Nombrar lo que pasa
A veces basta con decir: “Perdón, quiero escucharte bien”. El vínculo se repara ahí mismo.
Recordar que el tiempo compartido es limitado
Las notificaciones se repiten. Las personas, no.
El vínculo se construye con atención, no con likes
Cada vez que eliges dejar el móvil a un lado, eliges algo mucho más grande:
eliges respeto, eliges cuidado,eliges presencia.
Y la presencia, aunque no haga ruido, es una de las formas más profundas de amor.





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