Cuando entender duele más que no saber
- Jerónimo Martínez Lucas

- 31 ene
- 1 Min. de lectura
Hay momentos en los que uno siente que entender lo que le pasa no le alivia, sino que le incomoda. A veces incluso duele más que seguir adelante sin hacerse demasiadas preguntas. Y, sin embargo, es precisamente ahí donde comienza un cambio real.
Muchas personas llegan a consulta buscando alivio rápido: dejar de pensar, dejar de sentir, dejar de sufrir. No es extraño. El malestar cansa, agota y, en ocasiones, parece no dejar espacio para nada más. Pero cuando el sufrimiento se repite, cuando cambia de forma pero no desaparece, suele estar señalando algo que todavía no ha podido ser escuchado.
Entender no significa encontrar una explicación lógica que tranquilice. Entender implica encontrarse con partes de la propia historia que quizás fueron silenciadas, negadas o minimizadas durante mucho tiempo. Y ese encuentro no siempre es cómodo. A veces implica reconocer pérdidas, límites, decepciones o deseos que no encajan con la imagen que uno tiene de sí mismo.
Desde el psicoanálisis, comprender lo que duele no es un ejercicio intelectual, sino una experiencia subjetiva. Algo cambia cuando aquello que antes se vivía como confuso empieza a tomar forma en palabras. No porque desaparezca de inmediato, sino porque deja de actuar en silencio.
Entender puede doler, sí. Pero no entender suele doler siempre igual. Y cuando el dolor se repite sin sentido, se convierte en una carga difícil de sostener.
El trabajo terapéutico no busca empujarte a entender más de lo que puedes sostener, sino acompañarte en ese proceso, respetando tus tiempos y tu manera singular de decir. Porque solo cuando algo puede ser dicho, deja de repetirse de la misma forma.





Comentarios